La charla que Rodrigo Mayorga, director ejecutivo de la fundación, dicta a partir de su libro «¿Ciudadaniqué?» llegó la semana del 7 de septiembre a El Monte y a Rengo, donde casi 350 niños, niñas y jóvenes discutieron qué significa ejercer la ciudadanía cuando todavía faltan años para votar.
Para un estudiante de quinto básico de El Monte, la ciudadanía no empieza a los 18 ni a los 14: empieza antes de aprender a hablar. Fue lo que planteó un niño de quinto básico en una charla dictada por Momento Ciudadano el lunes 7 de septiembre en la Oficina Local de la Niñez del Monte: incluso los recién nacidos hacen ciudadanía, porque acompañar a alguien ya es mejorar su vida.
La intervención llevó la idea más lejos que la propia charla. «¿Ciudadaniqué? Agencia y participación infantojuvenil», que dicta Rodrigo Mayorga, Director Ejecutivo de la fundación, a partir de su libro «¿Ciudadaniqué?», sostiene algo simple: niños, niñas y jóvenes ya son ciudadanos, aunque todavía no tengan el estatus jurídico para votar. La razón es que la ciudadanía no es solo una condición legal, sino también una práctica social: algo que se ejerce con otros cuando se actúa para mejorar la vida de la comunidad.
Esa charla se dictó dos veces en la misma semana, ante públicos de escala muy distinta. El lunes 7, en El Monte, reunió a 25 estudiantes de quinto básico a cuarto medio, entre ellos el consejo consultivo de la Oficina Local de la Niñez de la comuna. El miércoles 9, en el Liceo Bicentenario Oriente de Rengo, la audiencia fue de 320 estudiantes de tercero y cuarto medio. En Rengo, la conversación se desvió hacia una pregunta que la charla necesariamente produce: si la ciudadanía es algo que se ejerce, ¿no da miedo ejercerla en tiempos tan tensionados? ¿No produce frustración cuando parece que nadie más quiere escuchar? Mayorga respondió que sí, que a veces da miedo y frustra, y que negarlo sería poco honesto con quienes hacen la pregunta. Pero agregó que la experiencia acumulada en estos espacios empuja en la dirección contraria, y que por eso vale la pena atreverse a abrirlos.
«Más veces uno termina en conversaciones como esa, o escuchando intervenciones como la de aquel estudiante de El Monte, que refuerzan la convicción principal: quienes creemos en la democracia somos más y, aunque tengamos diferencias en muchas otras cosas, podemos trabajar juntos por cuidar ese campo de juego que nos permite construir desde las diferencias. Agradezco cada vez que alguien en estas charlas me lo vuelve a recordar», señaló.






